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¡Bailemos!

De todas las fotos, videos y demás cositas que nos llegan al WhatsApp en estos días, me quedo con el mensaje de esta foto.

Podemos ver las rejas y vivir en un mundo de rejas, o podemos ver el jardín. La situación para ambos presos es la misma. Que están encerrados es un hecho. Eso es indiscutible. De cómo lo vive cada uno…

Hay veces que te despiertas un día y todo es diferente.

No hace mucho hablando con mi hijo me comentaba que había visto la vieja película de Titanic (hasta ahora con 19 años nunca la había visto) y que le había hecho reflexionar mucho.

¡En tan sólo unos instantes todo puede ser tan diferente!

Como de sentirte el rey del mundo puedes pasar a desaparecer en el mar.

Creo que aún no somos conscientes, pero ahora todo es diferente, y más que lo va a ser. Ha tenido que venir un coronavirus a decirnos, ¡cuidado! ¡somos vulnerables! A recordarnos que cuando menos te lo esperas la magia desaparece, las calles se vacían, ningún camino nos lleva a Roma y besarse y abrazarse puede resultar un arma letal.

Hoy sí, hoy más que nunca toca mirar hacia dentro. ¿Sabremos hacerlo?

Vivir con nosotros mismos, conocernos un poquito mas. Que vértigo eh. Y recordarnos que el mañana puede ser incierto y que hoy es tan valioso…

La vida nos ha dado su propia “playlist” y ahora podemos decidir que hacer, bloquearnos, protestar, lamentarnos, paralizarnos o… ¡Bailar! Podemos dibujar rejas o el paisaje que hay detrás de ellas.

El DIFÍCIL JUEGO INTERIOR

 

¡Maldita intuición! Al final va a ser que esto también se hereda. Esta noche sabía que algo no iba bien y así era. ¿Quién me puso esa bola mágica a mi alcance, si a mi nunca me ha gustado saber el futuro?

Hoy no ha ido bien, hoy no has sido capaz, hoy tu juego interior no ha sido el adecuado y te ha vencido. Hoy esta derrota duele, vaya si duele. Pero es sólo eso, un resultado que no ha salido como esperábamos, un juego que hemos perdido…y tu me dirás: ¿y te parece poco? No es mi poco ni mucho, es una derrota de la que aprender, es un día triste que tiene que convertirse en una mañana alegre, alegre porque seguiremos trabajando, luchando, mejorando, porque antes de que nos demos cuenta estás otra vez sobre los tatamis, con un nuevo reto, con un nuevo deseo. Porque hay situaciones en el deporte y en la vida que por mucho que lloremos, que nos enfademos…no vamos a cambiar, ya han pasado. Entonces ¿que podemos cambiar? Podemos cambiar el mañana, y trabajar y trabajar, y luchar y luchar. No queda otra.

Se que esto puede parecer complicado, incluso yo casi caigo en el “no puede ser” “ vaya suerte ” y esas cosas. Casi caigo en no te mereces esto… Pero afortunadamente siempre hay alguien que te recoloca, que te recuerda quien eres y entonces respiro y se que la vida esta llena de obstáculos y que a uno le tocan unos y a otros, otros, y que no se quien reparte suerte, quizás eso me aleja de la religión, pero que cada uno tiene que lidiar con los suyos.

Y que nosotros pertenecemos a una tribu guerrera, esa que como los super saiyan luchan, pelean y disfrutan con lo que hacen.

Tú eres de esa raza que dice que las cosas pasan por algo y que tienen un significado y de ello aprendemos.

Ahora toca levantar la cabeza, vencer ese juego interno que en algunas competiciones te juega malas pasadas. Toca pensar en mañana y toca hacerlo en positivo.

Hoy toca escribir en mi blog de deporte, de victorias y derrotas, de juegos interiores pero toca hacerlo de los míos porque como dice Pati Blasco me considero de esa raza que son “mujeres mariposa, mujeres tortugas” vivo en la dualidad de esos dos estilos de vida, quiero alas para volar, adoro la libertad y quiero rodearme de seres libres y a la vez sale esa mujer tortuga que mete bajo su caparazón a los de su tribu, a esos que sin ellos nada tendría sentido. ¿Algún día me pondré de acuerdo? Ahora se que no, hoy he sabido que no.

Hoy este texto va por vosotros, por los de mi tribu. Hoy quiero más que nunca tirar de raíces, de esencia, de los aquellos que me enseñaron a mirar la vida de cara, a esos que me dieron alas para volar, pero sabiendo que siempre me esperaba un caparazón donde refugiarme. Hoy toca aprender y mirarnos a la cara y saber que como dice otro de los míos y es el lema de su trabajo y de su/nuestro club “no nos podrán parar”.

 

 

Cuando el quiero se trasforma en tengo.

Hablamos millones de veces de cómo superar las derrotas, de manejar el fracaso, de aprender a caer y levantarse…pero dedicamos menos tiempo a hablar del éxito, de la dificultad que en numerosas ocasiones tiene manejar las victorias. Si hay que saber perder, también hay que saber ganar. Y os aseguro que ninguna de las dos cosas es fácil.

Hoy voy a hablaros de lo que a veces supone, y no siempre en positivo, ganar casi siempre. Visto desde fuera podríamos pensar, ¿qué problemas puede tener alguien que lo normal es que consiga buenos resultados? Pues muchas veces cuando un deportista, y sobre todo en edades tempranas, empieza ganando casi todo, obteniendo buenos resultados en las competiciones, puede aparecer tal presión que en ocasiones afecta al rendimiento del deportista y le aleja del disfrute. Esa presión sin quererlo puede llegar de manos del entorno, con frases del tipo “tú ganas seguro”, “para ti es fácil”, etc. Seguramente pensando que con eso animamos y reforzamos la confianza del deportista, pero lo que creamos es el efecto presión, la confianza se crea y se refuerza de manera muy distinta.

Si el deportista no tiene las herramientas suficientes para manejar la presión puede aparecer el “Tengo”, gran enemigo del rendimiento del deportista, el “tengo” genera estrés, angustia, incertidumbre. Ningún deportista tiene la obligación de ganar nada. La competición debe de ser un reto, nos tiene que generar deseo, nunca obligación. Cuando el ganar se convierte en una obligación desaparece el disfrute y si dejamos de disfrutar también baja nuestro rendimiento y el camino, que es lo realmente importante deja de merecer la pena.

 

Psicología positiva. Si la vida tiene dos caras…mejor sonriendo.

 

Algunos pueden pensar que es demagogia, y no es de extrañar ya que vivimos en un mundo digital donde las redes sociales nos bombardean constantemente con frases muy bonitas, cargadas de positivismo, en donde lo normal es ser muy feliz, confiar en uno mismo, tener fortaleza mental, etc. Y, además parece que con decirlo o ponernos una frase de estas como fondo de pantalla ya somos capaces.

Sin embargo, ser feliz, creer en uno mismo, ser fuerte mentalmente, el manejo de las emociones…requieren un verdadero trabajo diario. Muy pocas cosas son casualidad. Y aunque nadie es mejor o peor por ser más o menos positivo, más o menos alegre, más o menos fuerte, es una realidad que podemos elegir. Uno de los grandes hallazgos de la psicología en los últimos veinte años es que los individuos podemos elegir la forma de pensar. Los pensamientos aprendidos no son imposibles de reaprender.

Cuando hablamos de psicología positiva no estamos hablando de que para los optimistas la vida sea toda de color de rosa, como dice Martin Seligman, “la vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, pero los primeros saben afrontarlas mejor”. Para mí, ahí esta la clave. En saber afrontar los distintos sucesos de la vida. Tampoco este tipo de psicología niega las emociones negativas, no es real que nunca estemos, tristes, enfadados, que sintamos ira, rabia…, es más, es bueno sentirlas. Pero sí es una realidad que cuanto mayor control y manejo de nuestras emociones, mejores resultados obtendremos en los distintos aspectos de nuestra vida; trabajo, deporte, relaciones personales. Ya decía Aristóteles que “enfadarse es algo muy sencillo, Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Por lo tanto, la psicología positiva hace hincapié en desarrollar competencias para mejorar el bienestar personal y prevenir la aparición de enfermedades mentales. Yo creo firmemente en que nos ayuda a poner el foco en nuestras fortalezas y esto nos reporta, más energía, mejores resultados, nos ayuda a ser más creativos, nos genera bienestar y nos hace tener más momentos de felicidad. Si la vida tiene dos caras…mejor sonriendo.

Es cuestión de mapa.

 

Todos estudiamos como es el mapa del mundo, y el que vemos en nuestra infancia condiciona nuestra representación mental sobre la distribución de los países en la Tierra. Pese a que la realidad es una, cada país representa el mapa del mundo en función de factores históricos, geopolíticos y culturales. Hay una gran diferencia de cómo vemos el mapa los europeos con respecto, por ejemplo, a los australianos. Si vemos una imagen del mapa según ellos, para nosotros estaría completamente al revés.

Pues lo mismo pasa con el comportamiento humano, cada uno de nosotros tenemos “nuestro mapa”, nuestra forma de ver y sentir el mundo. Un mapa que lo vamos construyendo desde que somos pequeños y en el que están nuestros valores, nuestras creencias, nuestra identidad.

El problema surge cuando pensamos que única y exclusivamente nuestro mapa es el bueno, cuando al lanzar un mensaje pensamos que va a tener el mismo efecto en todos sus receptores. Pero eso no es así. A quien no le ha pasado que al hacer un comentario, una gracia, una reflexión ante un grupo notas que a unos les parece muy acertado e interesante, a otros un horror, en otros genera incluso indiferencia.

Cuando debatimos, cuando discutimos, cuando damos una opinión, o un consejo lo hacemos desde la prolongación de nuestro mapa que además estamos considerando que es el mejor mapa para esa situación. Sin embargo, puede que para la otra persona no sea así, entonces lo que hacemos continuamente es enfadarnos. Nos ayudaría mucho en las relaciones humanas tanto a nivel profesional, como personal dar una opinión desde el mapa del receptor. Esos son los que de verdad calan. Incorporar este concepto en nuestras habilidades nos evitaran malos entendidos, nos ayudara a relacionarnos mejor con las personas e incluso a convencer o motivar a los demás (en una negociación, una venta, una mediación, a un equipo, a nuestros deportistas…).

Entendamos que tanto los australianos como nosotros tenemos razón.

 

Comencemos por el principio

 

Muchas veces estamos centrados en obtener resultados y se nos olvida e camino para conseguirlos. Si las cosas van bien estamos muy contentos y si nos van mal a veces entramos en una espiral negativa.

El camino en la consecución de resultados es más largo y más laborioso de lo que a veces podemos imaginar. El principio de todo es nuestro pensamiento. Como ya he dicho en múltiples ocasiones la mente nos habla constantemente. Siempre estamos pensando, y todo pensamiento nos genera una emoción, eso nos hace actuar de una determinada forma. Estos elementos van a ser los que van a determinar nuestra realidad. Nuestros resultados están compuestos por una combinación de nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Por lo tanto, si los pensamientos son la base, dediquemos un poco de tiempo a reflexionar sobre ellos ya que hay pensamientos de varios tipos.

Pensamientos negativos: son aquellos que nos roban energía, que nos desgastan, disminuyen la confianza en nosotros mismos y generan ambientes negativos.

Pensamientos útiles: son aquellos que simplemente ayudan hacer lo que se necesita, cosas rutinarias de forma automática.

Pensamientos inútiles: Al igual que los negativos, quitan mucha energía. Suelen estar relacionados con cosas del pasado que no podemos cambiar, pero que seguimos dando vueltas sobre ello. O también con una excesiva preocupación por el futuro.

Y como no, están los pensamientos positivos, aquellos que nos proporcionan energía a nosotros mismos, a los demás y a nuestro entorno. La confianza, la positividad, la estabilidad, la paz… son algunos ejemplos de este tipo de pensamientos.

Los pensamientos positivos hacen ser más estable, más fuerte y permiten afrontar mejor las situaciones y dificultades de la vida.

Por lo tanto, comencemos por el principio. ¨Uno se convierte en aquello que piensa. Todas las estrellas del deporte han pensado que era posible conseguir aquello que han conseguido. Tu vida ha de ser como tus pensamientos. Si mejoras tu forma de pensar, conseguirás realizar mejores acciones; y estas te llevarán a mejores resultados. ( Robbins, 2006).