Archivo de la categoría: Coaching Deportivo

Atrévete

Hazlo, y si tienes miedo…hazlo con miedo.

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas” (Seneca).

Cuantas veces nos habremos preguntado que hay detrás de las personas que tienen éxito, de aquellas que consiguen triunfar, que hay detrás de los campeones, de aquellos que consiguen dedicarse a lo que les gusta.

¿Qué hay que hacer?, ¿por dónde se empieza?, ¿cómo no dudar?

Sin duda todos ellos se hicieron las preguntas adecuadas y tomaron decisiones valientes.

Todo cambio va a afectar a nuestro futuro y todo cambio en nuestro futuro pasa por tomar una decisión.

Para tomar decisiones, para iniciar un camino lo primero que tienes que hacer es escucharte a ti mismo, ser honesto con lo que piensas, con lo que sientes. Solo así descubres lo que necesitas y lo que deseas. Sólo así sabrás hacia donde quieres ir, como quieres vivir o por que quieres pelear.

Una vez has decidido aparecen las dudas, la incertidumbre y…sientes miedo. Esas sensaciones te acompañaran antes, durante y después. Pero eso es sólo una trampa que nos pone nuestra mente.

 Si has tomado una decisión importante para ti, mantente firme, cree profundamente en tu decisión y se valiente.

Arriesgar, exponerse, competir, dedicar tiempo, esfuerzo, ilusión en algo que no sabemos a donde nos va a llevar, en algo que no sabemos si nos saldrá bien, en algo que todo el mundo dice que es muy difícil da un poco de vértigo, quizás hasta miedo…pero sólo los que aparecen en un sorteo pueden perder, también ganar.

Si quieres algo hazlo y si tienes miedo…hazlo con miedo.

La incertidumbre tambien se puede entrenar

¿Y después del Covid 19 qué?

¿Qué pasará cuando quiten el precinto a nuestras vidas?

Mucho se habla estos días de lo que puede venir en el mundo del deporte, con las competiciones, con los entrenamientos…con la vuelta a la semi-normalidad. Ya nada va a ser igual.

Nos quejamos constantemente de como van preparando el camino los demás, los de arriba, los que toman las decisiones.

¿Y nosotros? ¿Estamos preparándonos para esa vuelta con toda la incertidumbre que conlleva? ¿Tenemos nuestra mente lista?, ¿hemos trabajado, nos hemos preparado mentalmente para seguir bailando con la música que nos pongan…?

Porque luego algunos se refugiarán en que no tuvimos tiempo de entrenar en los medios adecuados, en que han llegado las competiciones demasiado pronto y…no sabíamos nada. Así es imposible rendir…

“Estas bolas no botan bien” “Es lo que hay. ¡Es el flechero, no las fechas, Rafael!”

“La pista está en malas condiciones.” “Es la que tenemos. Tranquilo, no nos la cambiarán.” (Toni Nadal).

Sabio aprendizaje de Toni Nadal a su sobrino.

Así es. Por mucho que no nos guste volveremos a jugar con las reglas que nos marquen. Cuando vuelva la vida, nos podemos quejar de que no nos hemos podido preparar o podemos estar preparados.

Y no dudéis que algunos lo habrán hecho y esos serán los que ganen las primeras batallas. Por muy difícil que sea, por muy adversas que sean las circunstancias…Siempre hay uno que lo consigue.

Buen humor, buen rendimiento

Yo sin una sonrisa…no se rendir. Por muy duras y difíciles que sean las circunstancias siempre hay que intentar buscar algo positivo, esa ha sido parte de mi educación, el legado más grande que me dejaron mis padres y el que yo quiero dejar a mis hijos. Lo que he intentado siempre trasmitir a la gente que me rodea y a los deportistas con los que trabajo.

 El buen humor no es sólo fundamental para la vida, además mejora el rendimiento. Cuando la gente está a gusto es cuando mejor trabaja y más rinde. Daniel Goleman nos comenta que el buen humor favorece la eficiencia mental y permite que la gente sea más competente en la compresión de la información, en la aplicación de las reglas, en la toma de decisiones, así como más flexible en la forma de pensar.

Sin ninguna duda el buen humor y el buen ambiente hacen que la gente se sienta más optimista sobre su capacidad. No es de extrañar que el sentido del humor ocupe un lugar destacado en las aptitudes de los lideres con inteligencia emocional.

Tanto el buen humor como el malo tienden a generar tendencias, sobre todo porque nos influyen en las percepciones de las cosas o de las situaciones. Si estamos animados vemos el lado positivo y somos más capaces de recordar cosas y situaciones buenas, pero por el contrario las emociones negativas perjudican mucho el rendimiento y desvía la atención que debería estar centrada en la tarea, en el trabajo.

EQUILIBRAR LA BALANZA

Cuando alguien vive en el error genera vacío e insatisfacción constante porque nunca “se llega”. Siempre erramos y cuando hemos corregido o mejorado algo, entonces surge otra cosa. Poner el foco en el error no nos hace avanzar.

Pensaba el otro día  en esto mientras leía en un diario una entrevista a Meik Wiking, que ha publicado un libro titulado “El arte de crear recuerdos”. Meik nos dice que si somos arquitectos de nuestros recuerdos podremos entender mejor el pasado para comprender como vivir buenas experiencias en el futuro. Los buenos recuerdos son chutes de alegría. No se trata de borrar los recuerdos desagradables, los malos recuerdos estarán ahí y son parte de nuestra historia, de nuestra identidad. La idea es crear buenos recuerdos para equilibrar la balanza de esas malas experiencias.

Así mismo, si somos arquitectos de nuestros aciertos y de nuestros errores pasados podremos tener mejores actuaciones en el futuro. Quizás sea bueno utilizar la regla del 2/1 que consiste en reforzar dos cosas positivas que alguien hace bien y una a mejorar. Si hablamos de rendimiento deportivo, analizar conjuntamente (entrenadores/deportistas) los aciertos y revisar las cosas que se podrían haber hecho mejor, se convierte en virtudes del futuro. Al igual que nos decía Meik con los recuerdos, esto nos ayuda a equilibrar la balanza.

Si lo que pretendemos es el camino de la mejora, no vivamos en el error, tan sólo aprendamos de ellos.

De dentro hacia fuera

 

Llevo mas de media vida, dedicándome a “esto del Judo”, tanto como competidora como entrenadora. Curiosamente de competidora me parecía hasta fácil, de entrenadora…es otro cantar.

Los que me conocéis me habéis oído mil veces decir que no todo se mide en resultados y seguramente a alguno de vosotros os sonara raro viniendo de alguien que ha sido y es, tan competidora como yo. Pero cuanto más pasa el tiempo más me reafirmo en eso, a lo largo de una vida deportiva hay tantos campeonatos, tantos combates…que, si hacemos un análisis general lo que un día parece lo peor del mundo, otro es un éxito, y a veces o casi siempre somos los mismos.

Recuerdo mis inicios como entrenadora en un campeonato de España que mi equipo consiguió cero resultados, hablando con la que había sido mi entrenadora, Miriam Blasco, me comentaba “el año pasado ganamos seis de seis medallas que disputaron mis deportistas y este año hemos perdido seis de seis”. Cada uno que haga la reflexión que considere.

Me gusta ganar, me gusta que mis alumnos ganen, me gusta que salgan los resultados…pero he aprendido que, para hacer análisis y balance de un campeonato, de una temporada tengo que pensar en mucho mas que en resultados. Os invito a que penséis en un campeonato cualquiera y penséis en vuestros deportistas, en vuestros resultados ¿todos tuvieron el resultado que se merecían? ¿sólo los que ganaron lo hicieron bien? ¿A cuantos les gusta el judo de verdad? ¿y entrenar?, ¿cuánta parte somos culpables los entrenadores de cuando se gana y cuando se pierde? Demasiadas preguntas quizás, y puede que yo no tenga la respuesta para alguna de ellas, lo que si se es que no vale “café con leche para todos”. Y que, tras un campeonato, o una temporada ni somos tan buenos ni somos tan malos. Yo siempre digo que a un deportista se puede evaluar el final de su carrera.

Se que la competición es especial, que hay que tener la gran mayoría de las piezas del puzle cubiertas (si es lo que quieres) para intentar rendir al máximo de cada uno, que si conseguimos dar nuestro máximo seguramente los buenos resultados puedan llegar. Que nosotros estamos aquí, vuestros entrenadores, para ayudaros, para compartir vuestro camino, para intentar que vuestras metas y vuestras expectativas estén cada día un poco más cerca. Que si vosotros queréis…pero tenéis que querer y eso hay que demostrarlo…nosotros queremos, pero al igual que un padre no puede querer mas que un hijo, un entrenador no puede querer más que un alumno. Porque eso a la larga no funciona, no es duradero en el tiempo. Lo realmente bueno es lo que sale de dentro, eso es lo que nos mueve, eso son los verdaderos motivos para hacer o dejar de hacer algo, para implicarme más o hacerlo menos. Si entrenamos por algo que nos venga de fuera, ya sea una recompensa o un castigo, eso a la larga no es duradero en el tiempo ya que en un momento u otro eso externo dejará de pasar y ¿entonces?

 

Cuando el dolor se convierte en aprendizaje

 

“Lo que siempre funciono para mí, cada vez que me estaba tensionando mucho para jugar bien, era simplemente recordarme a mi mismo que lo peor, lo peor que podía pasarme, era perder un mísero partido de tenis, ¡Eso es todo!” (Rod Laver).

Así es. A veces el deportista está tan enfocado al resultado, le da tanto miedo perder, fallar, que se olvida de dirigir su mente hacia lo que es realmente importante, se olvida de pensar que es lo que tiene que hacer para rendir al máximo de sus posibilidades.

Porque si lo analizamos desde la perspectiva correcta, que es lo peor que nos puede pasar, perder un partido, un campeonato, una carrera…la vida de los deportistas de alto rendimiento suele ser larga y en ella no es tan importante un resultado, es el conjunto de un camino.

Recuerdo un campeonato del Mundo en Canadá, venia de recuperarme de mi primera operación del hombro y me sentía como nunca. Empecé el campeonato con un combate ante una azerbaiyana quien me dio un golpe en un ojo que durante toda la competición no podía ver, en segunda ronda me enfrenté a Li (CHN), mi bestia negra en ne waza, yo siempre conseguía marcarle de pie y a veces ella acababa ganándome en suelo, esta vez pasó eso. Pero repesqué, no recuerdo nunca una repesca tan dura, gané combates ante dos de mis rivales más fuertes, la cubana Savon y la rusa kusinova, entre otras, ya en el combate del bronce me esperaba, a priori una deportista que nunca me había dado demasiados problemas y a la que siempre le había ganado yo con relativa superioridad. Ese día el combate empezó con un ippon mío de te guruma, según los árbitros fuera, no puntuó,  ella iba muy a la defensiva  y aunque toda la iniciativa del combate y todos los ataques fueron de mi parte, nos acercábamos a los últimos 40 segundos de combate con el marcador a cero, si no marcábamos nos esperaba la palabra con mayor incertidumbre de aquella época, el termino hantei. Si, ¡no hagáis cuentas!, hace mucho de esto y no había  GS. En esos 40 segundos aún no se porque deje de atacar como lo había estado haciendo todo el combate, ella me hizo dos o tres ataques repetidamente de harai que se acaba tirando ella y ni me movía, ni me ponía en peligro, pero yo estaba reaccionando como nunca lo hacía, quedándome parada y casi enfadada por sus falsos ataques. El tiempo terminó. El arbitro central va a por las banderillas, da una a cada esquina. Sólo los de esa época sabemos los segundos de tensión que se pasaba esperando una decisión, para los jóvenes esto es casi ciencia ficción.

El central levanta para mi favor, el esquina que tenía yo enfrente para la italiana, y antes de que me diera tiempo a girar la cabeza para ver la decisión del otro esquina vi a mi rival levantar lo brazos ganadora. ¡No daba crédito! ¡No me lo podía creer! Había hecho lo mas difícil del campeonato (¿en que momento pensé que había hecho lo más difícil del campeonato?), había llevado toda la iniciativa del combate de la medalla de bronce y en 40 segundos había perdido la medalla.

Imaginaros, la rabia, la tristeza, la impotencia del momento…me sentía morir. Sólo repetía ¡no puede ser!, ¡no puede ser! Pues sí, era. Es lo que pasó. Durante 40 segundos tomé la decisión equivocada, y perdí. Perdí esa medalla en un campeonato del mundo, una que nunca volvió, que nunca conseguí.

Josean Arruza, mi preparado físico y psicológico, me dijo: Ahora una vez que ya sabemos el resultado y que éste ya no lo podemos cambiar, sólo nos queda analizar y aprender para que no nos vuelva a pasar.

Y así fue, con todo el dolor, la rabia, la tristeza, volví a casa sabiendo que ese no sería más que uno de los tantos campeonatos que haría durante mi carrera deportiva con un resultado adverso y poco esperado. Un campeonato importante, sí, pero sólo eso, un campeonato. Y justo ese pensamiento, entre otras cosas, es lo que hizo ganar otros muchos, porque el dolor de perder esa medalla a lo que realmente me llevo es a trabajar para no volver a cometer ese error de los últimos 40 segundos en donde lo que pasó es que me vi y sentí ganadora antes de que pasara, que mis emociones no fueron las acertadas, me enfadaba por sus falsos ataques en vez de aprovecharlos para mi beneficio.

Cosas de la vida y del deporte, al siguiente campeonato de Europa el azar quiso que hiciéramos el primer combate juntas y os aseguro que ese y todos los que siguieron el resultado fue muy muy distinto. Canadá me sirvió para aprender, para ser mejor. Canadá dolió, pero quizás ese dolor me acercó y me llevó hacía esa medalla Olímpica.

 

Entrenador chamán

Si miramos a nuestro alrededor podemos observar que hay gran variedad de tipos de entrenadores, cada uno con su estilo, con su sistema. Y seguramente a veces valoramos o catalogamos a esos entrenadores en función de los resultados, pero a

mí, como siempre me gusta mirar más allá.

Nunca he creído en el “todo vale” o “café con leche para todos” y por eso al igual que intenté crecer como deportista, cada día trabajo para crecer como entrenadora. Seguir leyendo Entrenador chamán

Así pienso, así actúo

dialogo_interior

“No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”. (Epicteto).

Cuando nos preocupa algo, cuando realizamos una tarea complicada, cuando nos enfrentamos a nuevas situaciones, tendemos a murmurar, a hablar con nosotros mismos sin darnos cuenta. No es que estemos locos, más bien es la reacción instintiva de nuestra mente ante una situación buscando solución. Seguir leyendo Así pienso, así actúo